El ciervo que se miraba en el agua
por Anónimo
Mientras bebía agua un ciervo al borde de un estanque, vio su imagen reflejada en el agua, como en un espejo. Mientras se admiraba, decía: «¡Oh! ¡Qué bello par de cuernos poseo! Con cuánta gracia se elevan por encima de mi cabeza y la embellecen. Ya me gustaría que el resto de mi cuerpo fuera así de hermoso; mas tengo estas patas tan largas y delgadas, que verdaderamente siento vergüenza de que alguien las vea».
En ese momento se escuchó el ruido de algunos cazadores que se aproximaban con una jauría. Huyó asustado el ciervo y saltando ágilmente sobre sus delgadas patas, pronto dejó tras de sí a hombres y perros. Luego corrió a esconderse a un bosque, pero a la entrada del mismo, sus cuernos se enredaron en unas ramas bajas y le tuvieron preso hasta la llegada de los perros, quienes lo mataron.
Al tiempo que moría, el ciervo decía: «¡Oh! ¡Cuán desafortunado soy! Ahora veo que los cuernos de los que estaba tan orgulloso son causa de mi muerte, mientras que mis largas y delgadas patas, a las que creía feas, habrían podido salvarme por sí solas».
A menudo, las cosas que preferimos no son las mejores para nosotros, mientras que algunas cosas que despreciamos nos resultan útiles y preciosas.
Jean de La Fontaine.
Traducción del Francés de don Alejandro de Morales y Loaiza.
Esta fábula la trae al Fabulario Don Alejandro.